julio 22nd, 2011 por
Cecilia

Los bichitos están de vacaciones como niños eternos que son.
Parece que el retobado está organizando una kermese y todos los animalitos están impacientes y felices.
Hoy a la mañana estaban pintando unas latitas de tomates vencidos con acuarelas de mi edad de niña.Las mantis y las langostas me pidieron retazos de telas coloridas para armar disfraces y les regalé unas lentejuelas doradas que las dejaron boquiabiertas hasta este mismo instante ( acaban de cerrar la boca). Parece ser que decidieron que una lentejuela va a ser el premio mayor para quien derribara de un lentejazo la pila de tomates vencidos.
Las arañas tejen que tejen y solo toman mate muy de vez en cuando, tejen ponchos que remataran al mejor (im) postor.Con lo recaudado quieren arreglarle la cueva al escarabajo Antonio, porque resulta ser que mi perrita Flora enterró un hueso en la entrada misma de la vivienda y le hizo estragos sin querer.Si sobra plata le van a comprar un celu al bicho canasto que lo ven como aislado.
Ojalá no les llueva! Por las dudas me encargaron una bolsas de plásticos del super del coreano” No entiendo” y que servirá para hacer una carpa gigante.
La música estará a cargo de los grillos que están encerando sus violines y los gusanos de seda ensayan los pasos del reggaeton que les sale casi, casi.
Las hormigas coloradas jugarán a las cartas con las hormigas negras un campeonato interhormigueros y las luciérnagas se pondrán celofán en sus faroles para hacer efectos espaciales.
Cuánto trabajo! Cuánto inversión! Cuánto salió todo esto?-le pregunto al retobado
No gastamos nada, solo invertimos felicidad.Nada material tendrá jamás el valor de lo realmente importante- me dice bajito el sapo, mientras hace palmas para ensayar una coreografía.
Y viendo las caritas alegres, las risas incontenibles, las patitas al son de la música, el agradecimiento del escarabajo, las volteretas de los renacuajos, entendí de que me hablaba.
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marzo 26th, 2011 por
Cecilia

Ya nos encariñamos, Así de simple. Como uno se encariña con lo verdadero. Para qué tanta vuelta.
La rana Gregoria es como esa gente entrañable que solo sabe hacerte sonreír.
La encontré en las achiras del fondo, al lado del paraíso, agarradita con sus manitos a las hojas grandes y lacias. Al principio pegué un grito de alegría que me hizo asustar a mí misma y luego me serené .
La Gregoria hizo una mueca rara que me dio gracia y al toque me miró a los ojos.
Se presentó rápido, sin reverencias y con palabras fáciles. Me dijo que venía de un largo viaje, no recuerdo si me hablo de República Dominicana o de Villa Dominico o de Villa Luro o de Luro al 238.
Solo sé que estaba allí y las dos estábamos contentas.
Es color verde loro y su voz es el sonido de las sirenas, que nunca escuché, pero que cuando escuché seguro me van a resultar parecido a la voz de la rana Gregoria.
Lo que más me asombró es que recontra conoce al sapo retobado. Que iba a un colegio donde le enseñaron que el retobado era así como un Gauchito Gil o Robin Hood. Y yo me hinché de orgullo.
Pero ya me deshinché un poco.
Me dijo que vino montada a una docena de caracoles morochos. Que tardo bastante, pero que el viaje fue sereno y confortable.
Me dijo que se hizo amiga de todas las luciérnagas, que a la noche alumbraban el camino largo de los caracoles que iban en hilerita. Que creyó reconocer al cosechador de estrellas que estaba haciendo una siembra importante en un lugar donde unos sembraban soja y él picaramente las sacaba de noche y reemplazaba la soja transgénica por estrellas pizpiretas que son mas sanas.
Parece ser que también es amiga del Equeco y le trajo una bolsa tejida de sachets de leche llena de hojitas ocre porque se enteró que es otoño.
Y allá, allá a los lejos diviso la silueta del retobado, viene contento.
Cuando está feliz camina como inclinado a la izquierda y bambolea casi imperceptiblemente la pata delantera en el aire.
Me alejo para ver el encuentro. Siempre hay que correrse un poco del lugar, para dar más dimensión a las cosas y entenderlas.
Y se abrazan. En esos abrazos eternos de los reencuentros .En esos abrazos que te construyen, que se meten en los espacios del alma que necesitaban mimos, justo, justo allí.
Y los veo y me emociono tanto.
Luego, me acerco sigilosa, sintiendo que estoy de más, aunque el retobado nunca me lo va a hacer notar, y garabateo una palabra emocionada, algo así como decirles si hace mucho que no se veían.
Y Gregoria abre sus ojos perla y el retobado sus ojos tiempo y me dice:
- Recién ahora nos estamos Reconociendo.
Y en el fondo, no sé cómo , pero se siente nítido el canto de unas sirenas.
Y yo creo que a veces o casi siempre las palabras están demás.
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