Día de Moncho

noviembre 6th, 2011 por Cecilia


El Zoilo es un gauchazo.

Puso el sulky a todo trapo ( le colgó unas cintas brillantes y unas guirnaldas) y ensilló el caballo Tito con su consentimiento ( el del caballo, obvio) y nos sacó a pasear.

Íbamos tan pintorescos.

Zoilo, yo, el retobado y en su falda una canastita llena de grillos, mantis y bichos bolita, más revoloteando siempre a distancia prudencial la mariposa Julie que tiene como 20 años y es una especie que ya se tendría que haberse extinguido pero no quiere.

El Zoilo no quiso decirnos donde nos llevaba, de pura sorpresa, pero cuando vi que enfilaba para la 197 pegué un saltito de alegría que contagió a los grillos que empezaron a cantar en do mayor.

Era mediodía de domingo, solazo y bello. Sin dudas ir a lo de Moncho era lo mejor que nos podía pasar un domingo bello, de mediodía y con solazo.

Me encanta ver la carita del sapo que todo lo asombra, aunque ya conozca todo.

Pasamos por la casa de los Pérez, los García y por lo del Mauricio que tiene la vaca atada aunque sea pobre, de puro capricho.

Compramos unas mandarinas en lo de Juana que tiene su puesto en la rotonda de rutas, a la vera de las vírgenes que son dos por las dudas.

Más allá empiezan los altares rojos del Gauchito Gil, que me gusta por piola.

 

Monchoooo!!!!!- grita el Zoilo

Y llegamos.

Bajamos del sulky, dejamos a Tito pastando y ahí nomás el Moncho y el Zoilo se abrazaron como se abrazan dos gauchos.

Imaginate. O sea.

El Moncho me tendió la mano y nos fuimos todos a sentar a una mesa hermosa con mantel cuadrillé y nylon apenas roto, con escarbadientes, sal con arroz y botella con Firulete y un pingüino para el Zoilo. Tuvo la amabilidad de acercarnos sillas diminutas para el retobado y sus amigos.

Y ahicito nomás nos acercó los choripanes y panes llenos de migas generosas. A los bichitos se les iluminó la mirada, a nosotros también. Solo el retobado, pidió disculpas, es medio ecológico y se fue a pastar yuyos con rocío junto al caballo Tito.

Al ratito hicieron su entrada triunfal “Los cantantes de la 197” que se entregaron por completo al público, tanto, tanto, que no cantaron un pomo y se sentaron a comer con nosotros.

Pero entrada la tarde, Cuartel V se tiñó del sonido singular de “Los del Zanjón” que aparte de estar dele que dele a  puro sapucay bailaban haciendo un movimiento como de estar haciendo un pozo ( de allí el nombre debe ser, digo) y cuando les agarraba como dolor de ciático los iban llevando doblados para adentro.

 

Qué lindo la pasamos!!! Moncho es un capo!

Nos regaló un souvenir con la cara del Gauchito Gil que cambia de color según truene o garúe finito.

 

Y acá volvemos a ritmo de galope cortito y con la alegría en la cara.

-A veces- me dice el sapo retobado-la felicidad tiene cara de Moncho, o de Zoilo, o de Tito o de yuyos con rocío, o de sol. La felicidad tiene todas las caras, pero sobre todo, la nuestra.

Y ahí nomás, largamos un Sapucay!!!!!!!!!!


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Paco, flor de renacuajo

agosto 19th, 2011 por Cecilia

 

 

El renacuajo Paco es un personaje de leyenda.

Ya tenía el record mundial de permanencia en charco sin tener ganas de salir del agua para hacerse sapo.

Y ojo! Que no era un renacuajo vago ni aburrido. Todo lo contrario.

Vivía haciendo cosas por su hábitat. Hacía conferencias sobre contaminación ambiental.

Paco gustaba de la vida charqueril.

Hacía excursiones de un punto a otro para bichos de distinta especie. Podaba los yuyos con suaves mordiscones y les cantaba el arroro a los renacuajos bebés para que duerman contentos y sueñen un mundo mejor. Cuando uno se va a dormir contento siempre sueña cosas lindas.

La cuestión es que la colonia de sapos adultos déle que déle le pedía a Paco que se deje de embromar, salga de una vez del charco, disimule la cola y se comporte como un sapo hecho y derecho.

Tanto, pero tanto, pero tanto le insistieron desde las simples insinuaciones, hasta las cartas documentos, que Paco se cansó y decidió (si se puede llamar decisión a algo que hacemos porque los otros nos insistieron tanto) salir del charco de la calle Ameghino al fondo el día lunes  a las 17 45  cuando empezara a esconderse el sol.

Y la verdad que tal acontecimiento me tenía nerviosa y expectante. Cada media hora pasaba un grupete de grillos por el suelo y de teros por el cielo anunciando la salida de Paco del mundo agua al mundo tierra.

Y allí estuvimos.

Nunca ví tanto bicho. Algunas hormigas venían de dos cuadras y los bichos bolitas salían de debajo de unas rocas con caras sonrientes.

Siendo las 17 44 hs se produjo un silencio de esos en que no habla nadie.

Y mientras nos asomábamos todos, Paco miraba a diestra y siniestra.

El retobado se acercó primero y le tendió una mano o una pata, no me acuerdo, y Paco a punto, a medio puntito de salir del charco. Suspiró, volvió a suspirar. Miró con congoja el charco, nos miró a todos.

Y dijo: _ Sras y Sres. bichos, he decidido: Mi lugar es el charco.

Miró al retobado a los ojos y se miraron con intensidad de la manera que solo se miran los sapos y los renacuajos viejos. Y ahí nomás, el retobado le dio un abrazo y expresó:

 

- Paco, me he dado cuenta que lo suyo no es capricho, sino convicción y lo felicito por eso.

Todos aplaudimos, lloramos, y nos fuimos felices, moviendo la cola.


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