Rss Feed
  1. La primavera

    27 septiembre, 2011 by Cecilia

    Plagado de color el jardín amaneció a pleno bostezo

    La piel de todas las flores y árboles se estremecían a los mimos de cientos de soles

    Y los bichitos aplaudían sinfines de melodías dulces

    El rocío se hizo piedrita brillante y se afincó al lado de las violetas

    El sapo abrazaba todo con sus ojos

    Abarcaba desde el cielo  a la tierra, de un recoveco al otro, a cada uno de nosotros

    Parece ser que en primavera todo florece

    Que los besos son de alma

    Y la piel se alimenta de puro abrazo

    Nadie, pero nadie se quedó en la casa

    Todos asomamos la ñata más allá de las ventanas y nos hicimos color

    El retobado canto una melodía que a la noche le había dictado Iris, la mensajera de los dioses del Olimpo

    Y todos sentimos que el corazón se nos salía del cuerpo, muchos tuvimos que correrlos un cachito

    El sapo agradeció los dones del otoño y el invierno que acunaron y mecieron sueños

    Y nos dijo a cada uno, a cada uno, que éramos importantes

    Que todos, que cada uno, pero que cada uno, teníamos un pedazo de camino para hacer

    Que todos y cada uno, pero cada uno, debía dar vida a los sueños

    Que no había razón para las tristezas y que las mismas tristezas acunaban las alegrías que de purretas ya empezaban a sonreírnos.

     

    Que la primavera, al fin y al cabo era una cuestión de Actitud.

     

    A mí me encanta cuando nos habla el retobado

    Te dice las mismas cosas que vos pensás y que por ahí no encontrás palabras

    Pero, parece ser que las palabras también requieren mimos para crecer fuertes y yo las voy a empezar a recontra acariciar para que se pongan contentas y muevan las colas y ahí y ahí nomás me lleno de palabras.

     

    El sapo parece escuchar hasta los pensamientos

    Da vuelta su cuerpo macizo y con ojos tiernos y sin decir nada, me abraza el alma

    Sin dudas, a veces, solo a veces, no se necesitan las palabras.


  2. Era Luis López.Así de simple.

    27 agosto, 2011 by Cecilia

    Luis López era morocho, alto, fornido.

    Todos los viernes por la mañana, previo saludo cordial, te preguntaba si querías un mate cocido calentito y una nunca podía decir que no, porque  tomar algo calentito  te hace bien  y porque Luis López sonreía de oreja a oreja.

    Y luego venía con la bandeja firme y pancitos cortados con cariño.

    Y Luis López sonreía.

    Y limpiaba pisos y tazas y sonreía.

    Y Luis se iba mochila en mano a no sé donde, pero se iba.

     

    A Luis López lo encontraron muerto a la mañana temprano.Dicen que paso la noche acurrucado en las puertas de un negocio de Moreno.

    Parece que era su lugar cuando no hay otro lugar.

    Ahí, con frío y a la luz de la luna.

    Parece ser que el alcohol maldito lo alejo de sus benditos sueños.

    Un patrullero en sus rondas lo diviso derrumbado e inerte.Aún nadie lo reclamo en la morgue.

    Luis López, pura sonrisa, murió de pobreza.

    De haber sabido, te regalaba mis ponchos y mi cobijio.

    Me duele un poco el alma del lado del corazón.

    Todos te fallamos.

    Y vos aún seguís sonriéndonos.