Buceo de amor
abril 13th, 2012 por
Cecilia
El sapo me miró como interrogando, con una mirada grave y profunda, como si en mí encontrara alguna respuesta, siempre yo, tan llena de preguntas.
Justo el sapo, que sabe tanto de todo y te devuelve a cada rato todo de tanto…
Parece mentira como un bichito así nomás, verde y rugoso, me interrogue a puro ojo y yo bucee en mi alma para hallar algo que presiento que busca, que indaga, que señala.
Ese animalito conoce tanto de humanos, de lunas, de tréboles, de vientos y de tiempos, conoce los nombres de los renacuajos y la fecha exacta que abandonan las colas y las convierten en patas. Dice que eso es muy importante, porque hace a un cambio de identidad.
Y yo le creo.
Y se da vuelta un ratito, cuando Doña Teresa, la más vieja de las vaquitas de San Antonio le obsequia un terroncito de azúcar que dice haber encontrado a la vera del sauce llorón (que llora de puro mañero).
- Hace un montón que no veía un terroncito de ésos!-exclamo al descuido y al sapo y a la vaquita.
El sapo gira y sonríe.
Bah, no sonríe propiamente dicho. Es como que siento que ensaya una sonrisa, que le sale mejor que si fuera un debut.
Le agradece a Doña Teresa, al mismo instante que corta el terroncito en 3 pedacitos y a la vaquita y a mí nos extiende una porción que agradecemos casi exageradamente, como nos gusta.
Y sigo buceando, en los pliegues del alma, en los rincones cálidos del corazón.
El sol baja tibio, se mete en la tierra para arroparse y ahí nomás con voz áspera y suave, el retobado me dice:
-Lindo día, no?
Y le digo que sí y me sale de pronto las ganas de decirle que lo quiero, que lo recontra quiero, así de la nada o del todo, lo quiero por designio o por que sí, de pura alborotada o por libre albedrío, de puro antojo y porque está escrito en algún lado.
Vió?-murmura el sapo- cuando buceamos en nuestro interior inexorablemente encontramos lo único importante: el amor
Y yo me lo como a besos y no lo siento ni frío, ni rasposo, es de repente como la linda lana de las ovejas o los peluches que duermen en la cama.
Pura brisa y abriga.
Como abrigan los amores…
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