Plagado de color el jardín amaneció a pleno bostezo
La piel de todas las flores y árboles se estremecían a los mimos de cientos de soles
Y los bichitos aplaudían sinfines de melodías dulces
El rocío se hizo piedrita brillante y se afincó al lado de las violetas
El sapo abrazaba todo con sus ojos
Abarcaba desde el cielo a la tierra, de un recoveco al otro, a cada uno de nosotros
Parece ser que en primavera todo florece
Que los besos son de alma
Y la piel se alimenta de puro abrazo
Nadie, pero nadie se quedó en la casa
Todos asomamos la ñata más allá de las ventanas y nos hicimos color
El retobado canto una melodía que a la noche le había dictado Iris, la mensajera de los dioses del Olimpo
Y todos sentimos que el corazón se nos salía del cuerpo, muchos tuvimos que correrlos un cachito
El sapo agradeció los dones del otoño y el invierno que acunaron y mecieron sueños
Y nos dijo a cada uno, a cada uno, que éramos importantes
Que todos, que cada uno, pero que cada uno, teníamos un pedazo de camino para hacer
Que todos y cada uno, pero cada uno, debía dar vida a los sueños
Que no había razón para las tristezas y que las mismas tristezas acunaban las alegrías que de purretas ya empezaban a sonreírnos.
Que la primavera, al fin y al cabo era una cuestión de Actitud.
A mí me encanta cuando nos habla el retobado
Te dice las mismas cosas que vos pensás y que por ahí no encontrás palabras
Pero, parece ser que las palabras también requieren mimos para crecer fuertes y yo las voy a empezar a recontra acariciar para que se pongan contentas y muevan las colas y ahí y ahí nomás me lleno de palabras.
El sapo parece escuchar hasta los pensamientos
Da vuelta su cuerpo macizo y con ojos tiernos y sin decir nada, me abraza el alma
Sin dudas, a veces, solo a veces, no se necesitan las palabras.