
El renacuajo Paco es un personaje de leyenda.
Ya tenía el record mundial de permanencia en charco sin tener ganas de salir del agua para hacerse sapo.
Y ojo! Que no era un renacuajo vago ni aburrido. Todo lo contrario.
Vivía haciendo cosas por su hábitat. Hacía conferencias sobre contaminación ambiental.
Paco gustaba de la vida charqueril.
Hacía excursiones de un punto a otro para bichos de distinta especie. Podaba los yuyos con suaves mordiscones y les cantaba el arroro a los renacuajos bebés para que duerman contentos y sueñen un mundo mejor. Cuando uno se va a dormir contento siempre sueña cosas lindas.
La cuestión es que la colonia de sapos adultos déle que déle le pedía a Paco que se deje de embromar, salga de una vez del charco, disimule la cola y se comporte como un sapo hecho y derecho.
Tanto, pero tanto, pero tanto le insistieron desde las simples insinuaciones, hasta las cartas documentos, que Paco se cansó y decidió (si se puede llamar decisión a algo que hacemos porque los otros nos insistieron tanto) salir del charco de la calle Ameghino al fondo el día lunes a las 17 45 cuando empezara a esconderse el sol.
Y la verdad que tal acontecimiento me tenía nerviosa y expectante. Cada media hora pasaba un grupete de grillos por el suelo y de teros por el cielo anunciando la salida de Paco del mundo agua al mundo tierra.
Y allí estuvimos.
Nunca ví tanto bicho. Algunas hormigas venían de dos cuadras y los bichos bolitas salían de debajo de unas rocas con caras sonrientes.
Siendo las 17 44 hs se produjo un silencio de esos en que no habla nadie.
Y mientras nos asomábamos todos, Paco miraba a diestra y siniestra.
El retobado se acercó primero y le tendió una mano o una pata, no me acuerdo, y Paco a punto, a medio puntito de salir del charco. Suspiró, volvió a suspirar. Miró con congoja el charco, nos miró a todos.
Y dijo: _ Sras y Sres. bichos, he decidido: Mi lugar es el charco.
Miró al retobado a los ojos y se miraron con intensidad de la manera que solo se miran los sapos y los renacuajos viejos. Y ahí nomás, el retobado le dio un abrazo y expresó:
- Paco, me he dado cuenta que lo suyo no es capricho, sino convicción y lo felicito por eso.
Todos aplaudimos, lloramos, y nos fuimos felices, moviendo la cola.