El Rulo era un crack.
Cada dos por tres cuando pateaba la pelota le hacía crackkkkkkkkk la rodilla y había que sacarlo de a muchos.
Hasta que entre todos le pudimos comprar una rodillera y no fue más crack.
Qué partidos!!!!
Canchita de la esquina de Flores y Ameghino. Arcos de eucaliptos y multitud de gente que nos agolpábamos para verlo patear de esa manera que solo pateaba el Rulo.
Esa especie de danza ritual de patada y alpargata al aire que siempre nos sacaba un aplauso cerrado.
Con el sapo retobado íbamos temprano al potrero para poder sentarnos bien cerquita y verlo brillar.
Lo lindo, era que jugaba un montón de gente, los equipos no tenían límite de jugadores. Una vez había 23 por cada equipo y ni una vez se pelearon.
Los partidos duraban horas y en los goles contrarios y propios se felicitaban todos, porque lo importante era el esfuerzo y el logro, no la camiseta. Al menos así me dijo el retobado.
Qué lindos domingos!!!
Hasta que se mudó la Teodosia y se le ocurrió construir justo, pero justito al medio de la cancha.
Todo fue tan rápido que no nos dio tiempo de decirle que se ubique más para la esquinita.
Al principio la Teodosia permitió igual los partidos, cuando tenía solo los cimientos de la casa.
Y ahí el Rulo gambeteaba bolsas de arena y cal con una habilidad que solo tienen los que también son albañiles.
Cuando la casa fue tomando altura, ya se complico más.
Los jugadores se entretenían largo rato dentro de la casa, tomando mate o viendo tele y ni se acordaban que estaban jugando un partido.
Un día, la Teodosia, alambro todo y eso dio fin a la carrera de quien podría haber sido un grande entre los grandes.
El Rulo tiene el pelo lacio como nadie, pero eran tantas las gambetas que hacía en cada rincón de la cancha que era un verdadero rulo.
Teodosia a veces lamenta que su casa haya interrumpido un sueño, pero el Rulo entiende que no hay nada más lindo que alguien tenga un lugar para vivir y se quedan tomando mate hasta la madrugada mientras el Rulo, dos por tres le relata cada uno de los goles de cada partido y hace como pases mágicos en el aire con pies y manos que parecen atrapar pelotas de fútbol invisibles.
Para mí que la Teodosia y el Rulo se van a enamorar.
Sobre todo porque colgó en la habitación las alpargatas del último partido del Rulo.
Sin dudas, eso es amor.
