Rss Feed

mayo, 2011

  1. Mateando

    29 mayo, 2011 by Cecilia

    Ahí va viniendo a los saltitos y silbando bajito.

    Se ve que fue de shopping porque viene engalanado con un ponchito de arpillera y dos lentejuelas azules.

    Se lo ve tan…tan.. se lo ve, que ya es algo.

    El sapo y yo emponchados abajo del paraíso, tomando mate amargo y comiendo un cacho de pizza fría de muzzarella de la vecina que le sobró del cumple del hijo que ya es grande y parece mentira como crecen los chicos.

    De vez en cuando encendemos palitos y hojas de otoño para calentarnos los pies y las manos y nos gusta estar ahí, casi sin necesidad de decir nada.

     

    Valioso es-dice el sapo con voz de gallo- saber disfrutar de los silencios.

    Yo solo sonrío, para no hablar.

     

    Luego, me cuenta que la araña Juana le tejió el ponchito, que solo tardó dos minutos y medio porque estaba motivada y que le agrego las lentejuelas que se habían enganchado en la telaraña hace como un mes pero que aún estaban intactas y brillosas.

    El sapo le quiso pagar el trabajo pero la Juana solo acepta abrazos.

    Así que ahí fue más complicado, la araña te abraza como 3 horas y media.

     

    Es buena gente-me dice el sapo y agrega-solo un abrazo basta para saber quien es uno.

     

    Y ahí seguimos, el sapo retobado aprendió a tomar mate hace poco. Es todo un logro y a mí me emociona, junta las patitas delanteras y estira el pico que no tiene y ahí nomás chupa profundo como suspirando.

    No sé si le gusta mucho, pero pide más y la rueda se hace más y más grande, cuando aparecen las mantis que rezan antes de tomar el mate, lo que retrasa la vuelta y los grillos se ponen nerviosos y les tiran pelusas y las mantis agradecen creyendo que las homenajean.

    Luego vienen los bichos bolitas que toman el mate raro, que casi no me doy cuenta como hacen, pero dicen que les encanta.

    A mí me toca cada hora y cuarto, así que casi, casi, que ya se suspende la jornada de mateada.

     

    Hoy casi no hablamos-le digo al sapo.

    Yo creo que igual estuvo bueno, no?- me dice con esa cara sabia que no sabría como dibujarla, pero es así nomás.

     

    Para hacerme la inteligente, le digo: -Qué espera de la vida, Don Sapo?

     

    Sonríe, como siempre, tierno y amoroso y me dice:

    -La pregunta no es esa, Cecilia…la pregunta debe ser qué espera la vida de uno.

    Q lo parió.