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abril, 2011

  1. Zoilo

    23 abril, 2011 by Cecilia

     

     

    Qué lindas que son las fogatas!

    Al retobado, a la Gregoria, a los grillos y a las mantis religiosas les encanta y dicen que les hace recordar a su infancia cuando se reunían alrededor de los charcos para que también pudieran estar los renacuajos (que solo asomaban la cabeza, porque les daba vergüenza tener cola) y contaban chistes hasta la madrugada aparte de entonar endechas y otras yerbas.

    Cantaban canciones de María Elena Walsh como la Araña Titina y Zapatos Rotos de los Naúfragos.

    Anoche, encendimos una fogata con hojas de otoño y palitos finos y crispados, a la altura del paraíso, bah a la altura del piso, con visión de las estrellas.

    Las mantis hacían figuras chinescas y todos adivinábamos, en realidad solo sabían hacer la cabeza de un mosquito, pero nosotros les decíamos que eran unas genias, por el solo hecho de verlas sonreír.

    De repente, cuando el fuego se consumía de sueño apareció la figura de Don Zoilo,

    Los grillos estallaron de alegría y aplaudían a rabiar y el retobado y Gregoria hicieron tres vueltas carnero y una vuelta oveja. Yo nada, porque no me salen.

    Don Zoilo es un gaucho de la zona de Paso del Rey, para el sur-noroeste-este-oeste-latitud-longitud-etc, cerca del río Reconquista (que añora y añora ser un río limpio) y que rara vez sale de las casas, porque se la pasa viendo novelas mexicanas.

    Pero siempre que escucha risas cristalinas, se acerca, medio al galope, medio al trotecito, con sus alpargatas que han caminado tanto, inclusive sin él.

    Don Zoilo se acerca y hace una reverencia, más propia de un rey que de un gaucho, pero nos gusta igual.

    Y ahí nomás empieza a desgranar sus historias largas y bellas.

    Gregoria se sienta en su falda y los grillos se alternan para despertarlo bajito cuando Don Zoilo se duerme de tanto recordar.

    Zoilo cuenta historias tan lindas, de esas que abrazan cálidamente.

    Parece que fue íntimo amigo de los dinosaurios, de los juglares que cantaban a los reyes, de algunos dioses del Olimpo y de los aborígenes que sufrieron y sufren despojos. Y acá todos nos pusimos tristes y Zoilo también. Pero se hizo el gaucho fuerte y siguió con la voz de trueno.

    Cuando ya las Tres Marías se pusieron juntitas para escuchar y alteraron el cosmos, Don Zoilo dijo que se iba y ahí nomás nos regaló un zapateo en punta de pie, de alpargata digamos, que nos dejó boquiabiertos. Y entre la polvareda se diluyó su figura gauchesca.

    Se fue tan rápido que no tuve tiempo de pedirle el celu. Pero el retobado me dijo que tenía Facebook, así que mañana le pido amistad.

    De una.