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diciembre, 2010

  1. Palangana en Mercedes

    29 diciembre, 2010 by Cecilia

    -Vamos a la playa oh oh oh oh oh!!!!!!- cantaba el sapo retobado a viva voz en el patio.
    Me asomé a media tarde porque nunca gritó con tanto ímpetu y enseguida se acercó presuroso a contarme la nueva buena.
    Parece ser que su primo Efraín lo invitó a pasar unos días a un charco en la ciudad de Mercedes, invitación que Efraín solo hace en contadísimas veces y a contadísimos bichitos. De hecho el retobado solo conocía la invitación a la tía Carola de Chascomús y a la ameba y el paramecio de Villa Calamuchita.
    Por lo tanto, sin dudas, este era un acontecimiento rozando lo histórico.
    El sapo me preguntó si lo podía acompañar porque no conocía la zona y que también iba con dos de sus mejores amigos grillos y un escarabajo, de esos que son descendientes directos de los rinocerontes.
    A la mañana siguiente estábamos todos sentaditos en el tren que tiene locomotora humeante, en realidad ellos iban apoyaditos en la ventana, media cara para afuera y riéndose a lo loco, tratando de imitar el sonido del tren (pero no les salía ni parecido)
    Luego de atravesar bastante campo y ante la mirada triste del sapo cuando veía las plantaciones de soja, llegamos a Mercedes.
    Las coordenadas que tenía el sapo eran más o menos así. De la estación cuatro pasos largos para el lado donde está el paraíso gigante en el que anidan las palomas torcazas, de allí girar en redondo y volver a girar mirando para el sur y luego enfilar con disimulo para el norte, donde crecen los jazmines.
    Cumpliendo estrictamente con las indicaciones, ni por asomo se venía charco alguno. El día era de lo más caluroso y parece ser que todos los charcos se habían evaporado. Pero por las dudas ensayábamos otra vez los pasos, las caras, el giro y el disimulo, porque por ahí habíamos errado en algo.
    Sin embargo, ni un cacho de agua a la vista.
    Solo un niño jugaba contento mojando sus pies en una palangana verde y de vez en cuando pegaba grititos: Ahora vos, Efraín, ahora vos!!!!
    Y al unísono todos nos dimos cuenta. En la palangana estaba sin dudas el primo mercedino del retobado.
    Explicarle al niño la historia solo llevó medio segundo. Los niños te miran y leen tu alma en un periquete.
    Conclusión, ahí nomás nos tiramos todos a la palangana, los grillos abajo, el escarabajo arriba, mojando cada dos por tres su cuernito, Efraín y el retobado echándose agua en los ojos y sonriendo a pata ancha y había espacio incluso para el niño y para mí que hacíamos olas de izquierda a derecha con cierta moderación para no ahogar a nadie.
    En lo mejor del alegrón sentí bufar a la locomotora y ahí nomás salí corriendo, pues era el último tren del día.
    El sapo me gritó a lo lejos que venga al otro día a buscarlo.

    Solo atiné a mandarle un mensaje de texto al celular del retobado, que decía:
    Sapo. No iba a pasar sus vacaciones con Efráin?

    El sapo al toque me contestó:
    La pasé tan bien, que mejor no lo puedo pasar. Sepa disculpar .Pero la espero mañana.

    Y ahí recordé lo que ya me había enseñado el sapo, eso de que no importa el tiempo sino las intensidades.
    Y me pase todo el viaje, chapoteando en el piso del tren, que mágicamente fue mar por un largo trecho, hasta Moreno.


  2. Los que menos tienen

    13 diciembre, 2010 by Cecilia

    Y ahí está cabizbajo, con la carita triste, como pocas, como casi nunca lo veo
    Y solo murmura…será posible que no entendamos que somos todos iguales…iguales…
    Y me asomo para mirarle los ojitos entrecerrados y rojizos.
    Y mueve la cabeza para un lado y para otro y ahoga un suspiro de esos que te calan el alma ida y vuelta.
    Los grillos del sur-relata-quisieron ir al norte y fueron frenados por los del este que insistían que en realidad el norte era de ellos.
    Los escarabajos de abajo, plantaron semillas de las que geminaron miles de trigales, tantos que no alcanzaban a llevarlos a sus cuevas. Vinieron entonces los escarabajos de arriba, que no habían podido tener buenas cosechas y les pidieron algunos trigos, pero nada recibieron.
    Las arañas del centro, tejieron a ocho manos cobijas y mantas, tantas que olvidaron la cuenta, las arañas de afuera, tiritaban de frío, pero no recibieron cobijo.
    Y yo ahora siento que no soy de ningún lado, que no tengo comida y que el frío me atraviesa el cuerpo.
    Y eso, que no soy ni grillo del sur, ni del norte, ni escarabajo de abajo, ni de arriba, ni araña del centro, ni de afuera.
    Yo siento eso y más y mucho más y solo soy un sapo.
    Y ambos nos pusimos a llorar como no recuerdo tanto.

    Mi solidaridad absoluta con los que menos tienen, porque otros tienen tanto.