“Cada domingo renace la esperanza, cada domingo pa la juventud”
Ja. Así venían cantando y en marchita maratónica los saltamontes, grillos, luciérnagas y las hormigas negras culonas.
El sapo a la cabeza revoleaba, con ritmo de candombe, una bandera multicolor en la que se leí
“CLUB ATLETICO LOS BICHOS DEL DOFON”.
Me dio unas ganas de aplaudir bárbaras y de silbar (pero no me sale) así que solo batí palmas al ritmo del tamboril y vociferaba Opaaa Opaaaa, imitando horriblemente al gran Alberto Castillo.
Todos llevaban unas especies de remeras musculosas de color verde y azul rabioso. Que los hacían más altos y con más músculos.
De arriba del paraíso empezaron a caer papelitos de muchos colores, pero no alcancé a ver quien los tiraba. Me parece que era el duende y el cosechador de estrellas, porque se sentían risas cristalinas, como solo ellos tienen.
El sapo a la cabeza, lucía una remera blanca de mangas largas con ribetes dorados y con una leyenda en la espalda que decía: “Yo banco a Maradona”
Todos cruzamos la calle, previo corte supervisado por la mantis, que cuando se pone en posición de rezo aún genera respeto. Y ahí rapidito, pasando la calle angosta, estuvimos en el potrero de la esquina,
Quizás me pareció exagerado que el sapo se inclinara sobre la cancha y la besara, pero cada uno tiene sus gustos.
No hay nada que hacer, la pasión del fútbol es contagiosa, enseguida tenés ganas de abrazar y besar al que tenés al lado! Así que me la pasé como media hora repartiendo besos con las vaquitas de san antonio y los bichos bolita (que encima son medios complicados para besar).
En unos instantes y por la otra vereda, aparecieron con viseras plateadas y remera en composé, los integrantes del equipo contrincante: “SOCIEDAD DE FOMENTO LOS CACAROLES”.
Me pareció simpatiquísimo el nombre, era como una burla que se hacían ellos mismos, así que me propuse luego saludarlos e intercambiar correos electrónicos, porque me cayeron bien.
El árbitro resulto ser el nieto del grillo que se murió hace unos meses en mis manos, el tipo llevaba aún el traje de luto, porque vestía todo de negro.
Y con un silbatazo de áquellos empezó el partido.
La pelota era una nuez que se cayó del árbol de la Filomena (qepd) y que el sapo había custodiado hasta el día del partido.
Resumiendo, porque el partido duró cerca de 3 horas, los bichos demostraron tener unas habilidades sobrehumanas, pegaban de puntín, empeine, suela, y mediasuela, plataforma y taco. .Los saltamontes eran cabeceadores natos y las hormigas te llevaban la pelota como media hora sin que se les cayera.
Cuando el partido estaba 40 a 0 y los caracoles, ni siquiera habían baboseado la pelota, el sapo, pidió tiempo. Y se lo dieron, incluso el árbitro le regaló un reloj en ese momento.
Yo lo veía al retobado moviendo los brazos, mirando al cielo, exhalando, y volviendo a hablar.
No sé lo que les dijo. El tema que al momentito nomás de reanudarse el partido, los bichos empezaron , algunos como a desmayarse, otros tiraban la pelota para cualquier lado y otros decían que los disculparan que se tenían que ir.
Finalmente quedó un solo bicho, que encima le tiró la pelota al caracol que estaba pegadito al arco, que no hizo más que estirar la antenita y embocar la pelota justo al medio al arco. Ante el delirio de todos los caracoles, que tardaron como quince minutos en acercarse y saludarlo.
Yo lo mire al sapo, pero se hizo el distraído y tosió fuerte.
Ahí nomás terminó el partido.
Los caracoles estaban chochos como si hubiesen ganado y los bichos mágicamente se repusieron de sus males.
Me acerqué al sapo, lo felicité por el triunfo y lo miré profundo como esperando que me dijera algo, de la última parte del partido.
Solo se acercó y bajito dijo – Mire, un juego es juego cuando jugamos todos. De qué vale el triunfo si algunos ni siquiera estuvieron cerca de su meta .El partido lo jugamos todos o no lo juega ninguno. No le parece?.
Se fue feliz, me dió la mano y terminó diciendo:
- Como en la vida misma Cecilia, como en la vida.

