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octubre, 2010

  1. El partido

    24 octubre, 2010 by Cecilia

    “Cada domingo renace la esperanza, cada domingo pa la juventud”

    Ja. Así venían cantando y en marchita maratónica los saltamontes, grillos, luciérnagas y las hormigas negras culonas.
    El sapo a la cabeza revoleaba, con ritmo de candombe, una bandera multicolor en la que se leí
    “CLUB ATLETICO LOS BICHOS DEL DOFON”.
    Me dio unas ganas de aplaudir bárbaras y de silbar (pero no me sale) así que solo batí palmas al ritmo del tamboril y vociferaba Opaaa Opaaaa, imitando horriblemente al gran Alberto Castillo.
    Todos llevaban unas especies de remeras musculosas de color verde y azul rabioso. Que los hacían más altos y con más músculos.
    De arriba del paraíso empezaron a caer papelitos de muchos colores, pero no alcancé a ver quien los tiraba. Me parece que era el duende y el cosechador de estrellas, porque se sentían risas cristalinas, como solo ellos tienen.
    El sapo a la cabeza, lucía una remera blanca de mangas largas con ribetes dorados y con una leyenda en la espalda que decía: “Yo banco a Maradona”
    Todos cruzamos la calle, previo corte supervisado por la mantis, que cuando se pone en posición de rezo aún genera respeto. Y ahí rapidito, pasando la calle angosta, estuvimos en el potrero de la esquina,
    Quizás me pareció exagerado que el sapo se inclinara sobre la cancha y la besara, pero cada uno tiene sus gustos.
    No hay nada que hacer, la pasión del fútbol es contagiosa, enseguida tenés ganas de abrazar y besar al que tenés al lado! Así que me la pasé como media hora repartiendo besos con las vaquitas de san antonio y los bichos bolita (que encima son medios complicados para besar).
    En unos instantes y por la otra vereda, aparecieron con viseras plateadas y remera en composé, los integrantes del equipo contrincante: “SOCIEDAD DE FOMENTO LOS CACAROLES”.
    Me pareció simpatiquísimo el nombre, era como una burla que se hacían ellos mismos, así que me propuse luego saludarlos e intercambiar correos electrónicos, porque me cayeron bien.
    El árbitro resulto ser el nieto del grillo que se murió hace unos meses en mis manos, el tipo llevaba aún el traje de luto, porque vestía todo de negro.
    Y con un silbatazo de áquellos empezó el partido.
    La pelota era una nuez que se cayó del árbol de la Filomena (qepd) y que el sapo había custodiado hasta el día del partido.
    Resumiendo, porque el partido duró cerca de 3 horas, los bichos demostraron tener unas habilidades sobrehumanas, pegaban de puntín, empeine, suela, y mediasuela, plataforma y taco. .Los saltamontes eran cabeceadores natos y las hormigas te llevaban la pelota como media hora sin que se les cayera.
    Cuando el partido estaba 40 a 0 y los caracoles, ni siquiera habían baboseado la pelota, el sapo, pidió tiempo. Y se lo dieron, incluso el árbitro le regaló un reloj en ese momento.
    Yo lo veía al retobado moviendo los brazos, mirando al cielo, exhalando, y volviendo a hablar.
    No sé lo que les dijo. El tema que al momentito nomás de reanudarse el partido, los bichos empezaron , algunos como a desmayarse, otros tiraban la pelota para cualquier lado y otros decían que los disculparan que se tenían que ir.
    Finalmente quedó un solo bicho, que encima le tiró la pelota al caracol que estaba pegadito al arco, que no hizo más que estirar la antenita y embocar la pelota justo al medio al arco. Ante el delirio de todos los caracoles, que tardaron como quince minutos en acercarse y saludarlo.
    Yo lo mire al sapo, pero se hizo el distraído y tosió fuerte.
    Ahí nomás terminó el partido.
    Los caracoles estaban chochos como si hubiesen ganado y los bichos mágicamente se repusieron de sus males.
    Me acerqué al sapo, lo felicité por el triunfo y lo miré profundo como esperando que me dijera algo, de la última parte del partido.
    Solo se acercó y bajito dijo – Mire, un juego es juego cuando jugamos todos. De qué vale el triunfo si algunos ni siquiera estuvieron cerca de su meta .El partido lo jugamos todos o no lo juega ninguno. No le parece?.

    Se fue feliz, me dió la mano y terminó diciendo:

    - Como en la vida misma Cecilia, como en la vida.


  2. Llegó el momento

    12 octubre, 2010 by Cecilia

    -Llegó el momento- me dice el sapo.
    Y ahí nomás lo miro de arriba a abajo. Anteojos, camperita, cantimplora atravesada al cuerpo y botas en composé.
    El asombro se mantuvo un buen rato, mientras circulaban 12 langostas con gorritas y 21 grillos con remeras brillantes.
    -Nos vamos para Chile- me comenta el retobado, con voz emocionada y mirando el horizonte o algún punto en el más allá, más allá de la cordillera seguro.
    Ni tiempo para hacer preguntas. El me va explicando que fueron convocados para participar en el rescate de los 33 mineros. Bajarán todos juntos, grillos y langostas y luego subirán, uno por uno, acompañando a cada uno de los hombres.
    Parece que leyeron cosas importantes. Frases de esas que te calan el alma y que sirven de refugio. Se prepararon para mirar a los ojos y dar la mano.
    -Ensayen un cachito- les dice el sapo. Y al toque todos me miran fijamente y una montaña de manitos finitas se acumulan sobre mi mano.
    Cositas chiquitas que te regocijan el alma. Símbolos de la vida misma.
    Parece que también ensayaron canciones, que hablan de la tierra que escupe hombres, luego de que éstos han escuchado muchos de sus secretos. Canciones que emocionen y dan fuerza.
    Estos tipos son geniales, me digo. A los mineros y a los bichos, me refiero.
    Este ejemplo de que solo se puede sobrevivir en grupo, teniendo como misión al otro, que en definitiva es uno mismo con otro nombre.
    Lo saludo a todos, manitos levantadas de grillos y langostas, les deseo lo mejor y me comprometo a hacerles un pasacalles de colores en la entrada de sus cuevas, que es lo único que me piden.

    -Y usted, cuándo va a entrar?- le pregunto al sapo que compartía todo desde distancia prudencial. Como se comparten muchas cosas.

    _ Yo voy a estar con los mapuches- murmura con voz entrecortada y ceño levemente fruncido.
    Y ahí nomás, lo abrazo, lo abrazo con toda mi alma, como únicamente concibo los abrazos y nos lloramos juntos, cerca del ceibo, siglos y siglos de Historia…