Y sí, poncho y termo en mano, estoy ansiosa esperándolo.
Me dijo que venía ni bien se despedía del sol que se ponía atrás de los árboles y se sumergía en la tierra.
Y ahí aparece, con su carita nueva de asombro, sombrero, pantalón largo, camisa a cuadros y canasta de juncos.
Y ahí vamos, el cosechador de estrellas y yo de la mano, cantando bajo una canción mansa.
Se acerca la primavera y florecen más rápido las estrellas. No bien germinan las puntitas hay que arroparla, cantarle la canción de cuna y mostrarle que ese cielo, inmenso, sin límites, será su morada.
Y ellas sonríen y hacen muecas y se llenan de un brillo que solo da la felicidad.
Y el cosechador me permite rozarlas con dulzura y desearles suerte y me pone tan contenta y lloro solo un poquito porque no puedo contener tanta sensación de paz.
Y luego, hay que soltarlas despacio, tirarlas para arriba con buenas intenciones y así es como vuelan o suben escaleras invisibles y en el cielo negro se van ubicando, hacen cabriolas, figuras diversas y abrazan un ratito a la luna y luego encuentran su lugar por pura intuición mezclada con designio.
A veces, me parece que el cosechador es un duende o un mago, porque su figura desaparece por momentos o se eleva para guiar las estrellas o para acelerar su paso sobre los campos.
Me siento un ratito y preparo unos mates. Lo llamo y viene sonriente de oreja a oreja. Pone su canastita al lado y toma despacio, despacio, ese mate que por suerte me salió lindo y espumoso.
Casi no hablamos.
No se necesitan las palabras cuando las almas brillan de felicidad.
Y volvemos a trabajar y por momentos, escasos, únicos, se da vuelta y me mira profundamente, como solo miran los que conocen de estrellas y de sueños.
Creo que hice trampas porque a muchas estrellas susurré mis deseos.
Pero me parece que no importa, que nadie se ofenderá con ello.
Y vamos, vamos silbando por la tierra florida de brillos que nunca se acaban, y las luciérnagas juegan a las escondidas.
Y a los lejos y tan cerca, el croar de los sapos me trae su recuerdo.
Dónde, sino cerca de las estrellas, está lo que amamos.

