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julio, 2010

  1. La historia de Ramón

    31 julio, 2010 by Cecilia

    Trabajo de niños y niñas junto al Centro de Apoyo Legal Comunitario.


  2. El Circo de las EstreYas

    23 julio, 2010 by Cecilia

    Resulta ser que ayer a la mañanita, pasa por la cuadra, el camioncito medio destartalado de Don Braulio, el verdulero. Y no decía que vendía papas y batatas por tres kilos a buen precio, sino que invitaba a ir al Circo de las ESTREYAS, así lo pronunciaba con ganas y con Y.

    En la parte de atrás, Bananín, Bananón, Una Chica Superpoderosa (la que tiene malhumor) y Bob Esponja, saludaban mientras hacían acrobacia para no pisar las papas y batatas. Los perros ladraban a su paso a rabiar y ví cuando Bananín le tiraba una papa a la cabeza del perro de Doña Ramona, la quiosquera, que dejó de ladrar para lanzar un grito de dolor y enfilo para otro lado con bronca canina.

    Parece que la función era a las tres de la tarde, había promesa de premios espectaculares y se anunciaba a todo bombo y platillo el show del hombre cañón y las cabriolas de la mujer elástico.

    Ahí nomás apareció el retobado, tosiendo y diciendo: -Lindo espectáculo el circo, no?

    Me dio cosa decirle que los circos no me gustaron nunca, me daban como cierta tristeza lejana, que nunca supe explicar muy bien por qué ni de donde venía.

    Ante mi silencio, me dijo-Vaya a ponerse el poncho que en un ratito salimos, yo invito.

    Y alrededor de las dos y media, apareció con el grupete de grillos, saltamontes, mariposas, cascarudos y vaquitas de San Antonio. Todos en filita y con cara de emocionados.

    Agarre la bolsa que hice en la primaria al crochet con bolsas de leche, le metí una mantita e invité a los bichitos a instalarse en su interior. Por alguna razón a medida que iban pasando me sonreían y me tocaban la mano en señal de alegría.

    No era mucho el trayecto, pues sobre el potrero que queda a la cuadra y media se había instalado el circo, utilizando los arcos de la canchita de futbol para colgar la ropa de Bananín y Bananón.

    Por suerte no había jaula de animales, me dijeron que está prohibido por ley, ojala prohíban también los animales de los zoológicos, donde los leones miran a los niños y los escuchan decir que ellos son los reyes de la selva y ellos no saben que es una selva ni nunca lo sabrán. Y eso me da pena.

    En la cola para sacar las entradas me encontré con varios niños del barrio y con Doña Elvira, Don Coco, dos viejitos que viven en el geriátrico, la Gime, nieta de Doña Filomena y Don Braulio que entró sin pagar entrada y con cara de importante, previo toser un poquito ( si no toses un poquito nunca llegas a ser importante).

    Nos tocó la primera fila. El sapo se sentó en mi falda y los bichitos pispeaban por los agujeritos de los sachet del bolso.

    Y enseguida empezó el espectáculo, sin presentación alguna, Bananín y Bananón contaron tres chistes que no entendí, la Chica Superpoderosa solo le sacaba la lengua a los niños y Bob Esponja hizo dos vueltas carnero y parece ser que era un hombre mayor y quedó trabado en el suelo con un fuerte dolor en el ciático.

    La verdad, el único que aplaudía era Don Braulio que pedía Bis! Bis! mientras sacaban a Bob Esponja en un grito.

    Luego apareció un hombre alto con un traje que le quedaba corto de piernas y lamentó el percance, diciendo que Bob Esponja era el mismo que hacía de Hombre Cañón y de Mujer Elástico y que por razones de fuerza mayor (porque era una persona ya grande) no iba a poder actuar.

    El sapo me miraba y yo solo me encogí de hombros.

    La gente se mostró disconforme y aburrida y empezó a decir alguna que otra grosería, algo así como : QUÉ ATROPELLO!!! QUÉ ESTREYAS NI OCHO CUARTOS!!! o DEVUELVAN NUESTRA PLATA!!!

    Ahí nomás el sapo bajó de mi falda y ocupó el centro del escenario.

    Tomó el micrófono del hombre largo de pantalones cortos y dijo que la función no había terminado.

    Los grillos salieron del bolso y se pusieron atrás del retobado y empezaron a cantar bajito, mientras el sapo entonaba “El día que me quieras”, con un sentimiento que me ponía la piel de gallina.

    La gente se miraba extasiada, aplaudía y no dejaba de aplaudir.

    Y en un instante las vaquitas y los cascarudos armaron una hilerita compacta por donde un saltamontes hacía acrobacia en puntas de pie. Y las mariposas abrían y cerraban sus alas formando paisajes y figuras de ensueños.

    Los niños saltaban y los viejitos olvidaban el reuma y se animaban a bailar.

    Todo fue tan lindo, que yo también me animé a bailar y saltar un ratito.

    La gente no se quería ir y los que se iban retirando reservaban las entradas para el día siguiente.

    Y sí señores y señoras, así fue como el sapo retobado y sus amigos fueron contratados en el Circo de las Estreyas y todas las mañanas se pasean orondos en el camioncito de Don Braulio, entre las papas y las batatas y a los lejos se escuchan los perros que ladran y el retobado les ladra más fuerte y los asusta.

    Levanto la mano y lo saludo y lo escucho decir.

    Así somos los artistas…y tose un poquito, como tose la gente importante.