A veces soy sapos y ranas y estrella recién nacida y grillo cantando fuerte
A veces, tejo la araña y la desarmo
Atravieso fronteras siendo todos los pájaros,
Otras, rocío y los árboles eternos,
Otras veces, los árboles muertos y sus lamentos.
Me construyo roca sedienta de mareas escurridizas,
A veces soy los charcos que sueñan ser mar abierto
y los faroles del barrio que piropean a la luna
Soy todos los animales y cada uno y todos los paisajes
Tormenta, nube y granizo, todas las estrellas y algunos cielos.
Soy la niña y la anciana y vuelvo a nacer niña con alma de anciana sabia
y así juego a descifrar misterios para olvidarlos luego, al ratito
y agotar otras vidas, en poder hallarlos
Soy hormiga, soldado de todas las guerras injustas, o sea de todas las guerras.
Pueblo y puente y caricia y nido
Soy sus manos y las mías
Y hago una ronda, ronda redonda
y soy todos y cada uno
y solo así, SOY y en el ritual de los tiempos
una y otra vez me voy pariendo.
junio, 2010
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Universalmente Uno
26 junio, 2010 by Cecilia
Category Poemas | Tags: charcos,puente,ranas,redonda,ronda,sapos,universo | 4 Comments
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La Fiesta (II Parte)
21 junio, 2010 by Cecilia
La pasamos de maravillas.El cumpleaños del retobado fue fantástico!
Les cuento.A las siete de la noche las vaquitas de San Antonio vinieron para que las maquille, pero son tan quisquillosas, que este color sí, que este no me favorece, que finalmente las deje a cara lavada, que además quedan más lindas.
A las ocho, enfilamos para el pelotero, ibamos en hilerita y de la mano.Primero el sapo, que iba saludando a todos lados, más atrás sus familiares directos, luego seguía yo y cerrando la fila, el grupete de bichos.
Los muñecos del circo me avisaron que no podían venir porque tenían función.
Cuando llegamos, Doña Elvira nos recibió con los brazos abiertos.Luego los cerró.
La pileta Pelopincho estaba llena hasta el borde de pelotitas de todos los colores, a un costado una mesa plagada de delicias como migas de sandwiches, trozos de chocolates Billiken, tacitas con miel, licores , hojitas carnosas, alimento balanceado y la torta del cumple.
Ni bien entramos, los bichos se zambulleron al pelotero y lanzaban carcajadas y grititos de felicidad.De común acuerdo decidimos que un rato estaban ellos y otro rato me metía yo.No quería aplastar a ninguno, obviamente.
A veces aparecía el duende, solo para tirarle pelotitas al rodete de Doña Elvira que giraba desconcertada pero no retaba a nadie.
Era tan lindo verlos, mariposas que sobrevolaban y combinaban sus colores, antenas que buscaba orientación bajo las pelotas, patitas que se estiraban y cabecitas que se zambullían.
El sapo estaba maravillado, yo lo conozco cuando se pone así.Se le agrandan los ojos y cambia el color verde oscuro por un verde fosforescente que le queda super bien.
Doña Elvira nos invitó a que pasáramos a la pista de baile.Era sencillita, no había llegado a poner las baldosas en el suelo, pero había regado el piso de tierra tan bien, que no se levantaba ni un poquito de polvo.
Antes de que se inicie el baile, aplaudimos al sapo, le dimos unos abrazos que agradeció sonriente y sopló con fuerza batracia las 37 velitas de la torta que le hice. Doña Elvira apagó las luces ( bueno la lamparita de 40 wlts que zarandeaba de derecha a izquierda).
Ahí nomás pasó algo que nos fascino a todos los presentes.En el techo, cientos de luciérnagas empezaron a prender y a apagar sus luces y en el vértice sur, una estrella ( de carne y hueso) nos guiñaba el ojo.
Parece ser que el cosechador de estrellas la había dejado expresamente como regalo para el retobado.
Con la felicidad a flor de piel, empezó el baile.Doña Elvira había invitado a su nieta que se la paso bailando con el sapo todos los ritmos.
Salsa, música country, gato y tango se iban sucediendo a full en el Winco, que manejaba como podía Don Coco, el zapatero, consorte en terceras nupcias de la Elvira.
Cuando tocaron las doce, ya estábamos felizmente agotados y pegamos la retirada.Besos y abrazos por doquier.
En una bolsa grande de consorcio metí a todos los bichitos .El sapo iba en mi mano ladrando bajito.
Y cuando faltaba poquito para llegar, me dijo: -Me presta su oreja?
Pensé que quería decirme algo importante, alguna reflexión de cumpleaños.
-Sí, como no!- le contesté
Y ahí nomás, cuando le acerqué mi oreja, estiro su manito dulcemente, la tironeó un poquito y empezó -1,2,3,4,5,6……hasta 37.
Lo miré con cariño.
_Yo no tengo orejas, así que si no se ofende utilicé las suyas, porque para eso es mi amiga, no?
Le sonreí con ternura y la estrella que nos seguía a distancia prudencial, se puso justo, justo encima de nosotros dos y nos iluminó con fuerza.
Nos iluminó las gotitas de rocío que se asomaban en nuestros ojos.Category Historias | Tags: bichos,Doña lvira,fiesta,gato tango,luciérnagas | 3 Comments

